Lavendula (Lavanda francesa)

ilustración de lavandula dentata conocida como lavanda francesa


Texto: Johanna Pérez Vásquez



La Lavandula dentata es una de las variedades conocidas como lavanda francesa. La ciencia la ha bautizado así por la forma sonriente de sus hojas pero en el pasado tuvo otros nombres: stoechas crispo folio y lavendula serrato folio.

Su cuna está en la región Mediterránea. Según la botánica pertenece a la familia lamiaceae y al género lavandula, por lo que es pariente de variedades hoy conocidas como Stoechas (Lavanda española) y Angustifolia, la más popular y resistente al frío (antes denominada Officinalis).



En total hay alrededor de 30 especies distintas de lavanda, incluyendo los híbridos que se producen naturalmente a campo abierto y en viveros. Sus hojas son finas, lineales, de color verde grisáceo y pueden ser confundidas con las de romero, en especial si son de L. angustifolia.

La lavandula dentata, si bien tiene el olor que la mayoría de la gente asocia con este perfume, es menos fragante que otras variedades. La Grosso (L. angustifolia x L. latifolia), descubierta por Pierre Grosso, en Vaucluse, Francia en la década de 1970, es el híbrido predominante en las plantaciones francesas, de las cuales se extraen aceites esenciales usados en la industria cosmética.



El aroma de ésta planta se siente al acariciar suavemente sus hojas, al acercar la nariz a sus flores, cuando el viento sopla o después de que es llevada de un lugar a otro, pues el movimiento constante la estresa, provocando una intensa protesta olorosa que puede ser traducida como “estoy nerviosa”.

Aunque la mayoría de la gente cree que el color lavanda, o violeta pálido, es el característico de esta planta pocos saben que también existen variedades rosadas y blancas. La Hidcote, por ejemplo, produce flores que se acercan más al azul violeta y la L. viridis, tiene hojas verde − manzana y flores verde−amarillas.





Mitos y usos de la lavanda

La palabra lavanda viene de la palabra latina “lavare” que significa lavar, justamente el uso que le daban los romanos al agregarla al agua de baño y a la que usaban para limpiar la ropa. En Egipto los extractos de esta planta eran usados para perfumar y para preservar. En el siglo XVIII, flores de lavanda eran arrojadas al piso para restregarlo y limpiarlo.



Una leyenda antigua cuenta que emplastos de esta planta eran usados para tratar mordeduras de serpiente. Paradójicamente la misma leyenda cuenta que las serpientes hacían su nido en ella, lo que llevó a asociar sus flores con la desconfianza. En otros contextos, en cambio, se la considera como una flor positiva que significa “recordarte me hace feliz”.

Desde el punto de vista mágico y astrológico está asociada con el elemento aire, con la comunicación y con el dios griego Hermes.





En España la variedad stoechas es conocida como cantueso y también se la ha llamado Hierba de San Juan madrileña, pues era vendida desde la Plaza Mayor hasta la Parroquia de Santa Cruz, tanto en la víspera como en el día del santo.


Algunas personas creen que guardar una espiga de lavanda, de la que se desprenden las florecillas, trae buena suerte, otras la usan como amuleto contra tormentas, un vestigio del castigo recibido por el padre de la mártir Santa Bárbara de Heliópolis (siglo VI), fulminado por un rayo después de entregar a su hija.



En 1936, Réné-Maurice Gattefossé, se lastimó las manos con un gas corrosivo, después de lo cual lavó una de ellas con aceite esencial de lavanda, sustancia que detuvo el efecto dañino. Este accidente marcó el comienzo de su investigación acerca de la aromaterapia, disciplina en la que la lavanda se asocia con la relajación y la tranquilidad, por lo que no sorprende que se hagan infusiones, de efecto ligeramente sedante, con sus flores y hojas.



Las flores secas de lavanda se usan en sacos de tela o en cuencos para dar una fragancia agradable a cajones, armarios y habitaciones en general. Se dice además que los saquitos rellenos con sus flores alejan a las polillas.

Hay también quienes afirman que las plantas vivas de lavanda limpian el aire, por lo que serían una alternativa excelente para tener dentro de casa o incluso en el dormitorio.



Cómo tener una lavanda feliz

La lavanda se considera una planta de cuidados mínimos. Por su origen Mediterráneo, o quizás de Asia Menor, adora el sol y no soporta la humedad excesiva. Debe regarse cerca de la base, evitando que el agua caiga en las hojas, de preferencia con un recipiente y no con atomizadores.

El sustrato debe tener buena irrigación, de ahí que en ocasiones se ponga arena en el fondo de la maceta, además es conveniente esperar a que la tierra se seque entre riego y riego, aunque la planta agradecerá que cuando se le ponga agua sea en una cantidad suficiente para humedecer toda la tierra.



La planta para florecer necesita ser alimentada con fertilizantes a base de fósforo, disponibles en pastillas o en líquido, que nunca debe confundirse con agua, pues el exceso de esta solución puede matarla. Una vez las flores se marchitan es necesario cortar los estambres para liberar peso y mantenerla sana, esto debe hacerse con una herramienta limpia y un corte igual.



Referencias 

Cunningham, S. (1999) The complete book of incense oils and brews

Rey Bueno, M. (2002) Las plantas mágicas

Sheperd, R. (2001) The gardener: Lavender

Wicca (2002) El poder mágico y curativo de las flores

Worwood, V. A. (2001) Aromatherapy for the beauty therapist



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